#LetraChica, #11

Subió sola. Saludó al chofer con voz aguda. Se sentó sola en los primeros asientos. Miró para todos lados. Se abrazó a la mochila. Revisó qué tenía en un bolsillo. En el otro. Cerró todos con cierre. La abrazó de nuevo. La mochila era tan grande como ella. Apenas se le veía la cara asomando por encima. Ahí se quedó los 30 minutos de viaje compartidos. Quieta. Escudada en lo único que tenía. Miró a todos, como alerta. No habló con nadie. Cada tanto alguien la miraba, extrañado también de verla así: chiquita y sola. Tendría menos de 8 años. Más no. Tomaba sola un colectivo en una ciudad que ha visto desaparecer y morir chicos como parte de lo cotidiano. Sola. Tal vez sus padres trabajan, y nadie la puede acompañar hasta o desde el colegio. Quizás no ven un peligro en esa media hora de viaje. O lo ven y no lo dimensionan como posible. A veces cultivamos horrores que podríamos evitar cada día. Y los vamos dejando crecer solos. Como a ella.

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