Cada tanto se detectan cosas que van pasando y pocos miran. Desde hace unos días, aparecen en ese barrido las Estaciones de Arte por el interior chubutense. Paso de Indios. Cerro Cóndor. Los Altares. Chicos bailando, aprendiendo a tocar instrumentos, pasando por otros carriles. No todos quieren ser petroleros, mineros, cultivar, criar ganado, tener un negocio, ir a la Universidad, ser abogados (!)… Pero la Cultura como gestión nunca es industria, ni alternativa productiva, ni profesión, ni «salida laboral». La igualdad se construye. Y mientras se construye en redes marginales y hasta no imaginadas, no se viraliza. Tampoco el cambio de visión. Menos de 5 RT y hasta ninguno en cada difusión, fuera del equipo del área. «Hay algún funcionario acá?», disparó Maximiliano Guerra hace años en el diálogo de cierre de una Clínica de Ballet en Comodoro. Le habían preguntado por qué no había una Escuela Municipal de Danza, y no existían oportunidades para los que elegían ese camino como carrera. No había funcionarios. Hablaba ante menos de 50 personas, contando a la prensa. «Ahí tenés tu respuesta», resumió. Sí. Ahí estaba. Cultura como entretenimiento y expresión, sin encontrar una forma de ser una verdadera alternativa más.