#LetraChica, #25

Todos por el bronce. La gloria. La marquesina. El nombramiento. «El» cargo. De todos los espacios públicos, los más codiciados son esos que garantizan hacerse un nombre, construirse el prestigio. «Entrar en la historia», supo decir alguien el día que juró una banca. Pero hay una historia hecha por hombres y mujeres que pasan un rato, un par de años o cuatro, en todos los otros. Están. Hacen. Pasan y se van silenciosos como llegaron. En esos espacios chicos despreciados por muchos, el «hacer» les importa. No siempre están bajo las luces ni en las grandes ciudades. Son delegados, concejales de pueblo, o apenas militantes que entienden de la tarea que es constante. No son muchos. Ni están en todos lados. Aparecen en este o aquel partido, como ocurrencias. En los períodos que no están ahí, siguen haciendo en clubes, vecinales o por su cuenta. Pequeñas gestiones que se suman y que transforman sus pequeños lugares. Cuando se reparten las grandes placas pulidas, rara vez tienen sus nombres. El cargo a otros, la Historia también. Y ellos sólo en la memoria de los que los vieron dar más.

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