La transparencia tiene ese algo. La tentación de promocionarla como gestionaza. La obligación de mantenerla como ejercicio. La maldición de sufrirla cuando no se cree en su valor. Como todo lo express de estos tiempos, se cree que publicar cualquier cosa es transparencia. No. Publicar cualquier cosa es exactamente eso. Ni más, ni menos. Aunque tenga números con centavos de ocasión. También se cree que una vez publicado, ya está. Voilá: transparente! Nop. Tiene que entenderse. La pucha, no? Cuánta vuelta. Un texto de 20 páginas no es transparente. Una planilla de cálculo con datos acumulados e incoherentes no es transparente. Son una trampa para el ciudadano que busca informarse. Publicar con errores tampoco es transparencia. Es dañarla por negligencia. Ser transparente todavía no garpa. Pero un voto es un voto. Por cuántos ganó o perdió algo? Por ese dato, la transparencia le debiera importar.