Vuelve. Ella. Dicen y celebran. Todos vuelven, si se tientan y es tarde. Algunos ellos también. Vuelven después del silencio, del parate, del no estar. Vuelven porque hay arrastre. O los arrastran. Vuelven con un banquito. Se suben y señalan. Vos esto. Vos aquello. Yo mejor. Vuelven sin propuestas. Vuelven sobre la hora. Vuelven con una mano atrás… y la otra en el aire. Vuelven pisando militantes que nunca se fueron. Ni se callaron. Y lo pagaron con la cara. Vuelven para ser parte. De la lucha, claro. Que se abandonó pero ahora no se abandona. De la épica de ser el freno del new neoliberalismo. De no ser igual a los otros. Ser para no ser. Como si eso fuera una construcción. Para sentarse en el medio de la marea humana y sumar, ausentarse o abstenerse. Siguiendo sus convicciones. Las de los otros. Las que se impongan. Vuelven. Los dejamos volver. Como a esa gente que llega de visita y al cabo que ni nos importa.